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Carlomagno ( 742 – 814 ), fue rey de los francos, sucediendo en el trono a su
padre Pipino el Breve, al principio reinó junto a su hermano Carlomán ( 768 –
770 ) y de ( 770 – 814 ) gobernó en solitario. Fue rey de los lombardos de
Italia desde el año 774, y emperador romano desde el año 800. Es probablemente
una de las figuras de mayor relieve de toda la Edad Media, tanto por la
importancia histórica de sus empresas como por el extraordinario poder sugestivo
de su personalidad, aureolada de leyendas, incluso antes de su muerte.
Carlomagno fue quién expandió el reino de los francos constituyendo un fuerte
esbozo de unidad europeo-occidental: el Imperio, denominado luego Sacro y
Romano, deseado por la Iglesia y considerado por sus contemporáneos como una
restauración del antiguo imperio de Roma.
Carlomagno tuvo un bagaje cultural bastante escaso o, mejor expresado,
asistemático. Eso sí, impulsó los estudios en el reino y tuvo un notable
consejero en este campo, el monje sajón Alcuino. Impulsó la formación de centros
de formación catedralicios y monásticos, y, sobre todo, la escuela palatina.

También en el campo de las artes, Carlomagno, contribuyó al movimiento que se
conoce con el nombre de “renacimiento carolingio”, caracterizado por la
importación y asimilación, en Francia y Alemania, de formas bizantinas muy
libremente interpretadas y desarrolladas.
Carlomagno en contadas ocasiones se entretenía con el juego del ajedrez.
Una de las bases del juego de ajedrez es que no se puede volver atrás; por eso,
siempre ha regido el principio “pieza tocada, pieza jugada”.
Los ajedrecistas de todos los tiempos y de todos los países han sentido
inevitablemente la tentación de volver atrás una jugada mala. Así es la
naturaleza humana, contemplar con horror que la jugada hecha pierde es muy
difícil de soportar.
Volver atrás una mala jugada en la historia del ajedrez tuvo que haber sido
siempre considerado como una violación de las reglas, aunque no existiese un
reglamento escrito hasta la época contemporánea. Pero colocarse uno por encima
de la ley es privilegio de los poderosos. El más antiguo testimonio escrito que
se conoce aparece en la canción de gesta de finales del siglo XIII Garin de
Monglane ( Eric Schuppe Die Chanson Garin de Monglane nach der hss. PRL, Teil I.
Dissertation. Greifwald 1914 ).
La historia cuenta que Carlomagno se entera que su esposa, la reina Galienne,
estaba enamorada del joven Garin. Para deshacerse de su rival, le reta a jugar
al ajedrez con condiciones insólitas, si Garin pierde, con la partida perderá la
cabeza; si gana, obtendrá a su esposa y la corona inclusive.
La partida se desarrolla con gran expectación, y los nobles de Francia apoyan a
su emperador. El público de Garin son sus paisanos, que llevan armas debajo de
sus capas.

Al principio gana Carlomagno: “Li rois a trait un roc qui Garin corrocha./ Qui
le mellor des siens à cel cop enporta”
Pero Garin se recupera capturando con su alfil un caballo: “Garin trait un
aufin, si prent un chevalier”
El emperador se enfada y derriba de un puñetazo el tablero. Se interponen los
espectadores para evitar la pelea y aconsejan seguir con la partida, que de
nuevo favorece a Carlomagno, ganando primero un alfil y a la jugada siguiente
una torre.
Tanto se excitan los espectadores que llegan a las manos. Tras una violenta
melée, la partida se reanuda otra vez.
Carlomagno vuelve atrás las jugadas cuando se equivoca al perder un caballo: “A
l´autre trait en a un chevalier porté.../ Karles refait le trait; mais rien n´en
a porté”
De nada le sirve, porque Garin logra un ataque decisivo de mate para concluir la
tremenda lucha: “Tant a li uns à l´autre contendu et jué,/ que Garins ot le roi,
petit s´en faut, maté”.
La historia termina cuando de repente, el caballeroso Garin perdona a su
adversario, y suspende la partida. El rey le ofrece cualquier recompensa y Garin
reclama únicamente un castillo que se le había arrebatado injustamente.
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